Apoyada sobre su mano mirando por la ventana que da al patio, fumando y tendiendo la ropa, María estaba intentando rehacer su vida pero no sabía ni como empezar, ni a donde ir. Decidió salir de casa a dar una vuelta. Apagó su cigarrillo y, como no encontraba ningún cenicero donde dejarlo, lo dejó en una maceta que tenían al lado de la ventana. Oyó una risa, y después una voz que venía de la ventana de enfrente.
-Sí, yo también suelo dejar los cigarrilos en las macetas -dijo un chico, bastante guapo, con ironía.
María se rio, de forma falsa, pero lo hizo.
- No encontraba ningún cenicero, jaja.
- Ah, y lo dejas en una maceta en vez de ir a buscar uno -dijo de forma divertida aquel chico guapo.
María sonrió.
-Soy Richi. Ricardo para los no amigos -dijo otra vez de forma divertida.
-Encantada. Ricardo tengo que llamarte, ¿no? -dijo María, con una sonrisa pícara en su cara.
Por primera vez en mucho tiempo, María estaba agusto con una persona que no fuera su madre.
-Bueno, Richi para los amigos pero también para las chicas guapas.
María se sonrojó. Richi le hizo un gesto para que salieran al descansillo a hablar más cercanamente y así hizo.
-¿Sales a dar una vuelta?
María se lo pensó, pero al final aceptó.
-Bueno, todavía no me has dicho tu nombre.
-Me llamo María.
-María... ¿Llevas mucho tiempo viviendo aquí?
-Sí, lo que pasa es que hacía mucho que no salía...
-¿Y eso?
María necesitaba contárselo a alguien, desahogarse. Por una vez sintió que alguien la escuchaba.
-Verás, llevo mucho tiempo metida en mi habitación, sin salir. Ni siquiera para comer, obligaba a mi madre a que me la trajera. Pero eso no es lo peor de todo. Lo peor de todo es que me deprimí y me volví la tía más insoportable porque Eva, mi mejor amiga y una de las pocas que tenía, murió en un accidente de coche. Cuando lo supe me sentí vacía, sin nada. No lloré, no se por qué. Pensaba que nunca podría superarlo. Y desde ese día llevo encerrada en mi habitación hasta ahora. Hoy es la primera vez en mucho tiempo que salgo a la calle. Pero tú has sido quien me ha dado fuerzas. Eres una de las pocas personas que me ha hecho sonreír en mucho tiempo, y por eso vales mucho Richi. Gracias, aunque te conozca desde hace... ¿quién sabe, diez minutos?
-Vaya...
-Lo sé.
Richi no supo que hacer, se quedo quieto y, después de uno o dos minutos, la abrazó.
-Lo siento.
-No tienes por qué... pienso que, por muy poco tiempo que hayas aparecido en mi vida, me he dado cuenta de que tú has sido quien me ha empujado a un mundo mejor, sin aislamientos. Gracias, te repito.
-Gracias a ti, por confiar en mi.
De repente, sin saber por que, María se acercó a él y le besó. "¿Qué haces, María?" pensó. Y se apartó rápidamente.
-Dios, perdón, no se como se me ha ocurrido, soy tonta.
Richi permanecía quieto. María decidió irse, la había cagado.
Se pasó toda la tarde en esa ventana, pensando que Richi se asomaría y, de alguna manera, lo arreglarían. Cuando ya había perdido la esperanza, apareció él.
-Lo siento María.
-¿Te doy asco, miedo?
-No
-Entonces, ¿por qué no me has dicho nada?
-Porque cuando me has besado, he sentido un escalofrío en el cuerpo. No por repelús, para nada, si no porque ha sido uno de los besos más intensos que he tenido en mi vida.
-¿De verdad?
-Nunca he estado tan seguro de esto. Pareceré un loco María, pero te quiero.
María sonrío, los dos salieron corriendo y se encontraron en el descansillo. Richi se acercó lentamente a ella y los dos se fundieron en uno de los besos con más sentimiento que ninguno de los dos había experimentado en toda su vida.
martes, 19 de enero de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario