-Alex!
-Hola África -dijo Alex, nervioso.
África se empezó a reír. En la mayoría de las relaciones, aunque esto no fuera precisamente una relación, el chico es el que suele... lanzarse, por así decirlo. Pero en esta no, África era libre. Hacía lo que quería cuando quería, y eso era lo que le enloquecía a Alex.
-Siempre estás nervioso, cortado.
Alex se rio.-Lo sé, soy así.
-Y por eso me gustas.
-¿Qué?
-Que yo también te quiero, Alex.
África besó a Alex. Le besó en el labio, pero no del todo.
-¿Das siepre los besos así?
-Así, ¿cómo?
-Nosé, parte en la mejilla y parte en el labio.
-Sí. ¿Qué pasa? ¿Que no te gustan?
-Me encantan.
África sonrió. Después se apoyó en su hombro y esbozó una leve sonrisa y, con un hilillo de voz, dijo:
-¿Eres feliz?
Alex le rodeó con los brazos y contestó:
-Soy feliz sólo verte respirar.
Ambos se besaron. Un beso, a decir verdad, sin morbo. Sólo un beso tierno y dulce.
Mientras tanto en los estómagos de cada uno, cien mariposas volaban provocándoles una rara sensación.Una sensación a la que muchos de nosotros la llamamos amor.

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